Viene hacia mí por la calle una de esas ninfas a quienes gusta envolverse con extrañas banderas. Me la miro de arriba a abajo por ver qué se habrá puesto hoy. Cualquier trapo la sentaría bien. Ella fija sus ojos en los míos con intenso odio.
-¡Ah, me conoces!
-Sí
-¿Y porqué, por sátiro o por español?
-Las dos cosas. -y se aleja, inalcanzable.
Me consuelo pensando que este tipo de muchacha no es nada interesante. Toda su vida mantendrá las mismas ideas. No como yo que estoy expuesto a múltiples cambios. Soy proteico.
-¡Ah, me conoces!
-Sí
-¿Y porqué, por sátiro o por español?
-Las dos cosas. -y se aleja, inalcanzable.
Me consuelo pensando que este tipo de muchacha no es nada interesante. Toda su vida mantendrá las mismas ideas. No como yo que estoy expuesto a múltiples cambios. Soy proteico.