-¿Y como está tu madre, Sagi? -era la Flora, que me hablaba delante del mostrador.
-Bien. Mejor que yo. -le respondí, algo distraído. Dió un suspiro como pensando a la vez: "Este Sagi no me escucha".
-¿Sabes qué tendrías que comprarle? CEREGUMIL. Le sentaría muy bien, de verdad, en casa todos lo tomamos. ¿Te acordarás?
-Sí hombre, -no era hombre sino mujer- claro. -estaba con un periódico en la mano: A ver si termino de leer este artículo de Gregorio Morán.
Al cabo de una semana volvió a presentarse la Flora en la administración.
-¿Y qué, Sagi, ya le compraste el jarabe a tu mamá? Qué va, si no tienes tiempo para nada. Ya me lo pensaba. Pues mira, -y me saca una medicina del bolso envuelta en papel de farmacia- aqui tienes el CEREGUMIL. -agarro el lío muy contento, como despertando de un letargo.
-¡Caramba, qué ilusión, muchas gracias! Miremos la composición. A ver lo que lleva... Etanol, cinco por ciento... -como soy medio químico estas cosas me gustan mucho.
-Deja de mirar fórmulas que lo que tienes que hacer es dárselo a tu madre. Y me ha costado siete euros.
-¡Como! ¿Que no me lo das?
-No. Vale siete euros.
-Ah. Pues no lo quiero. No, no. -mientras vuelvo a meter la ampolla en su caja de cartón me percato que esta ya está algo estropeada con las manipulaciones, pero: que se las componga, pienso, y ni eso, hay cosas que no se piensan, sólo se sienten.
-Sagi. ¡Si parecía gustarte! ¡Y las alegrías que hacías!. ¿Y ahora por la tacañería de no darme los siete euros no lo quieres?
-Si yo me mostraba contento era como señal de agradecimiento. Y para que vieras que aceptaba el regalo y no te ofendieras. Toma. -y le devuelvo el CEREGUMIL.
-Bueno Sagi, véndeme un décimo de lotería y dale recuerdos a tu madre. ¿Lo harás?
-¡Y tanto! Y le contaré esta anécdota. -añado sonriendo.
-Sagi, de verdad ¿lo quieres? te lo regalo.
-Que no que no. Que mi madre no está bien del estómago porque ya toma demasiadas medicinas. Al final me lo habría tenido que beber yo.
Por la noche le explico el incidente a mi madre.
-Has hecho bien. ¿Eh que no le habías pedido nada? Esta Flora... Ya su madre y su abuela eran igual.
A la mañana siguiente llega a la Lotería un desconocido con bigote mexicano trayendo un paquete.
-Esto para usted. De parte de una mujer que me he encontrado por la calle. -yo no entendía nada.
-¿Para mi? No. No puede ser. A ver, veamos... -después de rasgar un grueso sobre de cartón me encuentro dentro con algo envuelto con papel de seda, lo deshago y ante mí estaba la cajita del CEREGUMIL con una nota dentro que decía así:
Sagi, perdóname por lo de ayer, dale el CEREGUMIL a tu madre que le va a sentar muy bien. De mi parte.
firmado: Flora.
Y por la noche: ¿Quieres un poco más?
-No. El que me he tomado por la tarde me ha mareado un poco.
-Pues yo sí. -la verdad es que una cucharada de algún jarabe inofensivo por la noche me va muy bien para dormir, es una reminiscencia de la infancia. Me bebo la dosis y...
¡Ostras, qué bueno! Me recuerda a la KINA SAN CLEMENTE. Es muy reconstituyente. Además me encanta que me hagan regalos. ¡Yuppiii!
sábado, 1 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Improvisación locomotiva.
Una carta de Henry Miller diciendo adiós a la pequeña Anais me ha recordado a William Saroyan en aquella única ocasión en que el autor de los Trópicos se le acercó; y fué para pedirle dinero. Debió parecerse al inicio de Tropic of cancer. "No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo". Con anterioridad a esa escena la relación siempre había sido distante, y por supuesto el dinero no se lo dejó. ¡Vaya elemento! Esto el escritor de orígen armenio lo cuenta en algún lugar de sus Cartas desde la Rue Taitbout o No vayas; pero si tienes que ir saluda a todo el mundo. Me gusta este título, tan largo, especialmente en inglés: ...don´t go but if you must say hello to everybody. Es como una canción de Bob Dylan. Saroyan, con su falsa ingenuidad, su lirismo y humanidad, me parece muy superior a Miller. Pero los dos comparten ese sentido de la libertad, esa juventud, que desde Mark Twain están muy presentes en los escritores norteamericanos. De la misma estirpe son Thomas Wolfe -look homeward angel, ¡qué otro gran título!-, John Fante y J. D. Salinger. Al primero le llamo emigrante, al otro: vagabundo o bohemio.
En las Cartas desde la rue Taitbout hay mucha sensibilidad, alguna más que en las cartas que escribió Miller a sus amantes y amigos, entre estos últimos Lawrence Durrell y Alfred Perlés. La que va dirigida a Al Devarine me gusta especialmente. En ella Saroyan nos describe el encuentro con Al Devarine, su antiguo y divertido amigo del colegio, que se hizo famoso allí con su parodia del Hiawhata de Longfellow, como cómico prometía y ahora está trabajando en un ascensor del edificio Mattei en la calle F, más tarde llamada calle Fulton, como ascensorista... -probablemente habrá muchas cosas más que hacer en un ascensor a las que podríamos llamar trabajo, pero ninguna como la de ascensorista tiene algún tipo de remuneración, también la de mecánico de ascensores es módicamente pagada, con alternancias en otros lugares-...
Esta escritura circular no lleva a ninguna parte y sin embargo a eso algunos le llaman estilo.
En las Cartas desde la rue Taitbout hay mucha sensibilidad, alguna más que en las cartas que escribió Miller a sus amantes y amigos, entre estos últimos Lawrence Durrell y Alfred Perlés. La que va dirigida a Al Devarine me gusta especialmente. En ella Saroyan nos describe el encuentro con Al Devarine, su antiguo y divertido amigo del colegio, que se hizo famoso allí con su parodia del Hiawhata de Longfellow, como cómico prometía y ahora está trabajando en un ascensor del edificio Mattei en la calle F, más tarde llamada calle Fulton, como ascensorista... -probablemente habrá muchas cosas más que hacer en un ascensor a las que podríamos llamar trabajo, pero ninguna como la de ascensorista tiene algún tipo de remuneración, también la de mecánico de ascensores es módicamente pagada, con alternancias en otros lugares-...
Esta escritura circular no lleva a ninguna parte y sin embargo a eso algunos le llaman estilo.
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