lunes, 18 de marzo de 2013
I´M A STRANGER HERE MYSELF.
Han pasado ocho años desde que compré los Cants de Giacomo Leopardi en versión de Narcís Comadira (edicions 62, 2004). Entonces aún leía el catalán y este es el último libro en esta lengua que incorporé a mi biblioteca. ¿Cuáles son los hechos transcurridos en todo este lapso de tiempo que han conseguido hacerme aborrecer por completo el idioma de mis ancestros? Está en primer lugar una razón personal de superioridad: el saberme mejor, más culto, que toda esa masa ingente de borregos adoctrinados en el catalanismo, para quienes el único acto intelectual que los identifica como individuos pensantes es clamar por la independencia. Es lo máximo a que pueden llegar y toda vida cultural girará para ellos en torno a este punto y a una autocomplacencia primaria a la que ellos llaman hacer país. También está mi convicción de que a los catalanes ya no se nos puede dar más, esto lo mamé de mi abuelo en los años de la transición española, él me hizo comprender que ya lo teníamos todo y aún demasiado y que la España de las autonomías nos iba a resultar muy cara de mantener a nosotros y al resto de la nación. Mi abuelo no se equivocó: a día de hoy estamos arruinados. Y, finalmente, el abandono en que he dejado los libros catalanes de mi colección, que no son pocos, la falta de costumbre -ya no leo en este idioma- han conseguido que todo lo catalán me produzca una profunda antipatía y que prefiera hablar y escribir en castellano. Esto es lo que han conseguido con tanta exigencia y tanto marear la perdiz. Ellos pierden, y pienso que todo el mundo debería hacer lo mismo.
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